Preámbulo al Congreso de Humanidades

Preámbulo al Congreso de Humanidades

Congreso de Humanidades

Pensamiento para el Bien Común

CAMBIO DE ÉPOCA

El cambio de época que avizoraba Romano Guardini y pregonaba Manuel Díaz Cid lo vemos cada vez más claro, pero más complejo. Más cerca en el tiempo, pero más lejos del ser humano.

Cierto, no vivimos una época de cambios, sino un cambio de época. Hemos pasado de la modernidad a la posmodernidad, de la verdad a la posverdad. De los grandes relatos e ideologías masivas a los relatos fragmentados e individualistas. De los dogmas, que no lo eran, a un mundo líquido en el que nos ahogamos. Del positivismo al nihilismo, de la angustia a la ansiedad.

De tener fe en Dios, transitamos a sólo tener fe en el hombre. “Sólo escapamos de lo divino, renunciando a lo humano” nos dice Fabrice Hadjadj. O como decía Chesterton: “Tener fe completamente en sí mismo, es tener una creencia histérica y supersticiosa”, pronto nos defraudamos, pronto nos desencantamos de nosotros mismos cuando perdemos la raíz y renegamos del origen. Hoy, si acaso, tenemos fe en las cosas, en el poder, en el dinero. Nos hemos cosificado. Consumidos por el consumismo, producimos sin sentido y no distribuimos.

Hemos experimentado el comunismo, pasando por los nacionalismos a ultranza, fundamentalismos, gobiernos totalitarios, dictaduras, liberalismos políticos, capitalismo (a veces salvaje), y populismos de izquierda y de derecha. Perdemos la brújula cuando no ponemos nuestro foco en la persona humana, su dignidad y su trascendencia.

Nos entusiasmamos con la caída del muro de Berlín, pero surgieron otras amenazas, así lo sugieren las torres gemelas de Nueva York. Nos animamos con la alternancia en México, poco se logró y hoy retornamos al Nacionalismo Revolucionario, populismo “hecho en México”, con ganas de algunos de llevarlo al Socialismo del siglo XXI. La historia tiene avances y retrocesos, es la libertad humana que se entreteje con la Providencia. Es el trigo y la cizaña. Es el bien y el mal, con la dificultad de trazar la frontera entre los buenos y los malos. Sin embargo, tiene un fin, un alfa y un omega.

REALISMO

Debemos ser realistas para analizar y diagnosticar la realidad, es fundamental el realismo. Es más: sin una buena dosis de valentía no se puede ser realista, y tal vez hoy más que nunca ‘realismo’ significa eso: ‘valentía’.

Hemos avanzado en abatir la pobreza extrema, pero la pobreza es enorme. La distancia del que más tiene al que menos es vergonzosa, hay una tremenda

desigualdad. Prevalece la injusticia, existe impunidad. La inseguridad se acrecienta, mafias, crimen organizado y desorganizado. Guerras, migración forzada, destierro de miles de personas.

Se diluyen las identidades culturales, hay una batalla cultural, el relativismo, la ideología de género, el aborto, la eutanasia. Lo peor, se empieza a ver como natural. Los escándalos en la Iglesia, con sus respectivos megáfonos.

El diagnóstico o los diagnósticos ahí están, pero ¿qué hacer?, ¿qué debemos transformar?, ¿hacia dónde caminar?… son las preguntas que solicitan respuesta.

Al mismo tiempo hay cada vez más conciencia del deterioro ecológico, del medio ambiente, y de la ecología humana. Se empieza a tener conciencia de la casa común mencionada por el papa Francisco. Hay sed de trascendencia, de volver a los valores. De exigir lo justo. De la importancia de la responsabilidad social en las empresas. De buscar y lograr un modelo económico diferente, incluyente.

Hay que tener realismo, ver la realidad humana, con perspectiva sobrenatural. Observar las cosas de una manera distinta, desde una óptica profunda y esperanzada. Realismo, pero sobre todo esperanza, esperanza contra toda esperanza. Virtud y horizonte.

ESPERANZA Y BIEN COMÚN

Realismo y esperanza: bases para luchar y conseguir bienes comunes. El bien común es una esperanza, esperanza que mi bien y el bien del otro no sean opuestos, al contrario, se potencien. Es la conjugación de mi bien con el de la comunidad.

El bien común es interacción, es nexo, es ponerse de acuerdo los unos con los otros, valorar lo que tiene valor, quererlo y organizarse para conseguirlo. Es que la solidaridad prevalezca a pesar del hiperindividualismo de la indiferencia. Es ensanchar el espíritu, volver a la confianza, acrecentar el capital social. Participar como ciudadanos, como sociedad civil organizada. Incrementar y fortalecer los cuerpos intermedios, las ONG, los OSC. Mantener cuerpos autónomos pero entrelazados.

Romper los círculos viciosos, las causalidades perniciosas como es el que, a mayor pobreza relativa, se deteriora la cohesión social, la democracia se tambalea y disminuye el capital social, como lo comenta la encíclica Caritas in Veritate.

Lograr desarrollo local con equidad, fomentar la Economía Social de Mercado, la Economía Social y Solidaria, conseguir una economía para el Bien Común.

Tener una auténtica democracia participativa, terminar con la hipocresía y el cinismo político. Reglas claras que den certidumbre de largo plazo en el actuar como personas y sociedad.

Hemos entrado en una era fascinante de la tecnología, el internet de las cosas, la inteligencia artificial. Hablo con propiedad, fascinar es encantar, pero también alucinar y ofuscar. Depende como utilicemos estas herramientas el que nos haga más humanos o más robots.

Debemos de regresar al humanismo. En el Congreso anterior estudiamos los diferentes humanismos. El volver a alguno de ellos podría ser positivo, pero algunos humanismos no son tan humanos. Por ello, nosotros le ponemos apellido: Humanismo Integral o Humanismo Cristiano.

Tenemos que ser constructores del futuro, sin ignorar el pasado. Volver todo a Dios. Lo original es volver al origen diría Ortega y Gasset

Este Congreso lo organizan, como en otros años, la UVAQ y la UPAEP. En esta ocasión interviene también el IPBC que se fundó el año pasado.

El IPBC tiene como objetivo: “Colaborar en la consecución del Bien Común a través de la investigación, divulgación y vertebración de la sociedad”

En el primer eje, de la investigación, hemos avanzado en la construcción de un índice para medir a nivel municipal los avances en el desarrollo de bienes comunes. Para esto se tiene una red de universidades de prestigio e investigadores de alto nivel académico.

Como parte de la divulgación y docencia, participamos en este Congreso que en su primera parte pretende echar una mirada al mundo. Analizar qué sucede con la Globalización y su ambigüedad. Si se camina hacia la solidaridad globalizada o en el sentido contrario.

El segundo bloque pretende profundizar cómo transformar nuestras democracias para que sirvan para procurar bienes comunes. Cómo adoptar un estilo de gobernar en función del Bien Común. Por último, nos preguntaremos cómo armar una economía que responda adecuadamente a las necesidades de toda la persona y de todas las personas.

Esperamos que este Congreso nos de elementos y nos empuje a emprender la vertebración social. Que nos motive, como pusimos en la convocatoria, a ser artesanos de una cultura del bien común.

Antonio Sánchez Díaz de Rivera

Presidente del IPBC

 

 

 

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