Historia, ¿historias?

Historia, ¿historias?

Por José Miguel Guevara

El descubrimiento del imperio y la cultura de los Hititas, de sus ciudades Bogazköy y Hattusas, así como de su lengua y escritura, fue llamativo porque las noticias sobre ellos eran muy vagas, no se sospechaba que hubiese sido un imperio, no se sabía nada comparado con lo que desde la antigüedad se conocía de Egipto, Mesopotamia, Grecia, Roma[1].

En sus ciudades en las altas mesetas de lo que hoy es Turquía se encontró una rica biblioteca con archivos, miles de tablillas, que permitieron conocer tramos importantes de historia, de tratados con otras naciones, con Egipto principalmente. Esto permitió descubrir que las guerras que los egipcios habían descrito en las paredes de palacios y templos no necesariamente habían terminado como éstos las contaban. Los relatos egipcios eran en mucho, propaganda para el pueblo, eran “historia oficial”.

En innumerables ocasiones he leído, tanto en libros, como en editoriales, la referencia a “historia oficial”. Solemos entender que quien escribe o dice esas palabras se refiere a la historia que un gobierno promueve y que naturalmente lo hace no en amor a propagar la verdad sino con otras intenciones.

A través de la frase la que se encuentra atrás de otra frase “la historia la escriben los vencedores”, se da por sentada la veracidad de que vencieron, pero las exageraciones o falsedades vienen a cerca de cómo vencieron y cuáles eran las intenciones o la posición de los vencidos.

Por su parte, en Roma, Augusto usó la Eneida para sostener sus intereses como consolidador del Imperio, y en la Roma clásica Cayo Crispo Salustio, cuando relata La Conjuración de Catilina, inicia su historia diciendo que dirá la verdad porque ya está fuera del juego “…tanto más que yo nada esperaba ni temía y que me hallaba del todo libre de partido”[2] y por ello, no le importa decirla. Esto quiere decir que, si le importara, diría la “verdad” a la manera más conveniente.

Las crónicas de Durán en su “Historia de las Indias de Nueva España e islas de tierra firme”[3] dicen que Tlacaelel, consejero y pariente de los más importantes tlatoanis de los aztecas, dispuso como convenía contarse la historia del pueblo azteca previa a su liberación, ya que debía contarse a modo para sus ambiciones de dominio sobre los demás pueblos de los alrededores. Hay más ejemplos en la Historia sobre crear una “historia oficial”.

En la otra práctica, los vencedores escriben la historia, el mejor ejemplo que conozco es México, aquí se decide que Hidalgo es héroe e Iturbide traidor, Juárez es héroe y Miramón traidor y así sucesivamente. Tampoco tenemos la exclusividad, en Francia, por ejemplo, con la república de Vichy del Mariscal Philippe Pétain, entre otros tantos.

Este manejo de la historia hoy se hace lo mismo en México, que en otros países. No hace mucho lo hacía la URSS y sus satélites con mano férrea, ahora el gobierno ruso ya ha colocado retratos del Zar Nicolás II en sus palacios porque le parecen útiles, no sólo por la toma de Crimea, sino por sus pretensiones geopolíticas y nacionalistas.

Los Estados Unidos de América han construido su historia oficial con la leyenda de ser descendientes ideológicos de los Padres Peregrinos, antes que de los colonos que fundaron Jamestown. Además, para sostener su historia cuentan con el valioso apoyo de los parques Disney y la obligada visita a Washington D.C.

Por algo Orwell caricaturizó esta costumbre en su “1984” cuando habla de un ministerio de la verdad que es el que se dedica a manipular o destruir los documentos históricos de todo tipo. ¿Por qué esto?, ¿es en verdad útil para los gobiernos promover una historia oficial? Me temo que sí.

En México, desde el gobierno de Cárdenas se enseñó una historia oficial que define héroes y anti héroes, y explica el sentido de los acontecimientos a modo, para conveniencia del gobierno, es más, inculcaba que éramos aztecas, no mestizos, recién independizados de España. Incluso se fomentaba un odio hacia los “gachupines” que habían evangelizado con sangre. Enseñanzas que han calado profundo en el ánimo del pueblo mexicano. Los libros obligatorios que introdujo López Mateos algo moderaron y mucho conservaron (No sé si aún se pida en preparatoria leer “Visión de los vencidos”).

Me temo que sí es útil, porque las medias verdades o las plenas mentiras, a base de tanto repetirse terminan por ser aceptadas como hechos reales, aún a contrapelo del sentido común. ¿Por qué afirmar lo que no es cierto?, es sencillo, se hace con la finalidad de justificar algo que el gobierno en turno quiere hacer o no hacer o para justificar su incompetencia.

Es normal que los humanos nos preguntemos por nuestro pasado que frecuentemente es una guía para la vida no sólo como personas, también como nación, como grupo social. Este pasado viene a ser una inspiración para el futuro, una explicación de lo que somos. Como los gobiernos desean ciertos comportamientos ciudadanos que le van a resolver más de un asunto, manipulan la historia con la finalidad de manipular el futuro y en alguna medida lo consiguen.

Se conserva la Historia no sólo por curiosidad, es nuestra memoria, nuestra identidad y es un campo magnífico para entender cómo nos comportamos los humanos. Jacob Burckhardt en su “Reflexiones sobre la Historia Universal”[4] propone, que, al estudiar la historia de los pueblos, se puede uno percatar que hay un juego entre tres entidades: Gobierno, Iglesia y Cultura. Apunta que tanto gobierno como iglesia tratan de sostener leyes o definiciones o postulados permanentes, mientras que la cultura “está viva” en las formas de ser y expresarse del pueblo. Así con el devenir del tiempo, la cultura ejerce una presión, ya sea sobre el gobierno o sobre la iglesia o sobre ambos, para que se ajusten a lo que “el modo de vivir” del pueblo pide.

Un ejemplo claro de esta observación es el caso del Imperio Romano que trataba de mantener su religión oficial, mientras el pueblo se iba volviendo cristiano a todos los niveles sociales, finalmente el gobierno tuvo que ceder y reconocer el cristianismo como religión aceptada y oficial. Hecho que humanizó a esta sociedad.

Ahora la explicación es más clara, la historia de los pueblos es parte integrante de su cultura, si el gobierno puede manipular la historia, manipula la cultura y la conduce hacia sus intereses, se quita la presión y manipula al pueblo a su favor.

Esta actitud interesada de gobiernos o grupos de poder para hacer historia, da por resultado que se arrincone al historiador independiente que sólo quiere indagar el pasado o dejar registrados los hechos tal como fueron, en beneficio de los que en un futuro indaguen la historia.

En la antigüedad el historiador honrado corría sus riesgos por su cuenta, a Salustio, por ejemplo, lo desterraron de Roma por sus dichos. El historiador de hoy tiene, que buscar el amparo de una institución, de una universidad, o de una academia, que en verdad tenga independencia, porque finalmente la búsqueda de la verdad es una profunda aspiración de los humanos.

Naturalmente este dicho nos enfrenta con una pregunta trascendente, ¿es posible conocer la verdad?, más aun, ¿es posible conocer la verdad histórica? Conocerla es requisito indispensable para preservarla.

Conocer la verdad es hacer que nuestro conocimiento se conforme con la realidad de lo que es o de lo que fue. Negar que se pueda conocer la verdad no es una novedad, el nihilismo es una vieja postura. Los extremos son: todo puede conocerse, nada puede conocerse, la recta razón nos dice, algo puede conocerse. Nosotros sostenemos que es una tarea ardua y compleja, pero que con esfuerzo puede conocerse bastante de la Historia que es nuestro tema.

Un cronista sostiene la verdad cuando narra y deja para la Historia los hechos tal como sucedieron con todas sus facetas, lo cual no deja de ser un reto. Es mucho más difícil para el historiador que trata de indagar lo que sucedió hace uno, dos o muchos más siglos. En este caso la verdad queda comprometida por la confiabilidad de los documentos y por la abundancia de ellos, pero en muchos casos podemos hacer una importante aproximación.

Volviendo a la Historia de México, recordamos que los importantes trabajos de Francisco Xavier Clavijero sobre las naciones originales, los desarrolló antes de que se encontraran los libros de Durán y de Sahagún. La labor ardua va entregando frutos en la medida en que se investiga, se busca y se corrige o ajusta lo que con anterioridad se había dicho. Un amigo aficionado a la Historia suele decir que este trabajo progresivo entrega frutos de manera asintótica, nos vamos aproximando cada vez más al conocimiento pleno sin poder alcanzarlo totalmente.

Ahora bien, ante dudas, y retos, ¿vale la pena este esfuerzo?, ¿vale la pena trabajar por la verdad?, la respuesta es sí, un sí rotundo, “La verdad os hará libres”, poderosísima frase que alcanza plenitud cuando el conocimiento es certero y su publicación amplia.

[1] Este descubrimiento tuvo su remoto inicio con la publicación de “Description de l’Asie mineure” por Charles Félix Texier, en 1839, IV.

[2] Cfr. Salustio, La Conjuración de Catilina, Alianza Editorial, 2015

[3] Cfr. Durán, Diego, “Historia de las Indias de Nueva España y islas de Tierra Firme. Tomo I”, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2005

[4] Cfr, Burckhardt, Jacob, “Reflexiones sobre la Historia Universal”, Prologo Alfonso Reyes, Trad Wenceslao Roces, FCE, 1961

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