Economía del Bien Común.

Economía del Bien Común.

Dr. Ignacio Gómez Romero.

 

Como una alternativa nueva, justa y humanista, y ante el abuso descarnado de una economía individualista y carente de principios de distribución equitativa de la riqueza, propia de la economía capitalista, y frente al fracaso inminente de un colectivismo económico socializante, que ahora tiene la mano izquierda en el corazón y la mano derecha en su bolsillo, una nueva vía económica se presenta y está operando en algunos países del orbe. La economía del bien común, es un sistema económico que presenta conceptos frescos y humanistas, basado en la subsidiariedad y la solidaridad, la distribución equitativa de la riqueza y los valores humanos como la confianza, honestidad y la responsabilidad.

Christian Felber, austríaco de nacimiento, especialista en economía sostenible y alternativas para los mercados financieros, es profesor universitario de economía en la universidad de Viena, en 2010 impulsó a un grupo de empresarios para en conjunto con ellos desarrollar el modelo conocido como economía del bien común o economía del bienestar público, como un alternativa practica ante dos modelos económicos decadentes y faltos de principios humanistas, como son el capitalismo de mercado y la economía socialista planificada. Este nuevo modelo propone un cambio de paradigma de los sistemas político y económico actuales, critica fuertemente la democracia representativa y, propone la democracia real o participativa como base de su modelo y como un paso previo para transitar a una economía al servicio del hombre.

Calificado por algunos como una utopía y como una falacia por otros, Felber escucha las críticas y afirma que su propuesta es totalmente aplicable a la realidad empresarial, pues en la actualidad más de 500 empresas de 13 países como Alemania, Austria, Suiza, Viena, Holanda entre otras, aplican los principios económicos y, financiaros del modelo del bien público con buenos dividendos.

Motivado por los resultados de un estudio que realizó en algunos países de la CEE (comunidad económica europea), sobre la opinión que las personas tienen de los modelos económicos existentes, donde 9 de cada 10 de los encuestados externaron anhelar un nuevo orden económico, que fuera más justo y sobre todo ético y, que se basara en valores humanos, eso fue el detonante para construir una nueva propuesta económica.

Para que este modelo se desarrolle y triunfe, es necesario que se conjunten dos grandes factores; 1) que en los países donde opere, se realice un cambio legal amparado por la constitución política y, que en su cuerpo se reconozca el bien común como principio fundamental, como lo reconoce actualmente la constitución de Baviera en el artículo 151, y como en la constitución Española y Suiza se empieza a reconocer. 2) que la comunidad madure y participe activamente, vigilando y calificando a las empresas y, premiándolas o no con el consumo sus productos o servicios.

El principio motivador para lograr el cambio paradigmático en la economía, se basa en dar incentivos de carácter legal, financieros e impositivos a las empresas, para que dejen de lado solo el afán de lucro y busquen el bien común, para que no se consuman productos ni materias primas de empresas que no respeten la dignidad de la persona, o que exploten al trabajador con sueldos míseros y jornadas inhumanas, independientemente que esos productos sean más baratos y tengan calidad.

De manera tal que las empresas que reconozcan y promuevan valores humanos como confianza, honestidad, responsabilidad, cooperación, solidaridad, generosidad entre otros, que paguen salarios decentes y, que se guíen por esos principios y valores, deben obtener ventajas legales, financieras e impositivas, sobre las empresas que solo tienen el afán de lucro sobre todas las cosas. El concepto de responsabilidad social queda rebasado con este modelo, que exige de empresarios, trabajadores y consumidores una responsabilidad integral y total, es decir el bien público en su totalidad.

De manera práctica para que se pueda aplicar y medir el grado de implicación de cada empresa, crearon la matriz del bien común, que se traduce en una matriz de doble entrada, donde se explican una  serie de pasos, que tienen que aplicar y evaluar las empresas para saber que tanto responden al tema de bien común.

La matriz se desarrolla en un cuadrante cartesiano de dos ejes, donde uno de los ejes mide el bien común por medio de la vivencia los valores (respeto a la dignidad, solidaridad, sustentabilidad y participación democrática), y en el otro cuadrante aparecen los grupos de contacto es decir los diversos grupos con los que tiene relación la empresa (los proveedores, los financiadores, los empleados, los clientes y la sociedad), del cruce de los dos grandes renglones se derivan una serie de factores que reciben una calificación cada uno, de cómo vive en cada grupo de interés el valor del bien común, resultado que se presentara en la declaración simplificada.

El modelo introduce también el concepto del balance del bien común, que en contraposición del balance contable, no mide la rentabilidad, ni indica la liquidez de la empresa, ni la capacidad de endeudamiento, sino que indica que tan cerca se está de servir a la comunidad. Este balance resulta de la calificación que se obtiene de la matriz antes referida. Estas dos herramientas permitirán determinar que empresas deben obtener (o cuáles no) beneficios fiscales, y permite a los consumidores tener elementos de decisión para premiar con el consumo del producto o servicio, o en contrario castigarlos no consumiéndolos.

Otra novedad que presenta el modelo, radica en descubrir al bien público como una  palanca de cambio a nivel económico, político y social, Felber la llama de “la palanca de abajo hacia arriba”, pues busca devolver el poder al pueblo, rehabilitando el tejido social al promover la participación de la comunidad, haciéndolo participe del cambio, como debe ser en una democracia participativa.

Para que todo el mundo pueda entender el modelo económico, Felder presenta los 20 puntos torales, a los que llama la columna vertebral del modelo del bien común, pues sí la empresa los practica, estará cercana al ejercicio del bien común, estos puntos son;

  1. la aplicación y vivencia de los valores; confianza, cooperación, aprecio, democracia, solidaridad. Pues de la vivencia y práctica de estos valores en la empresa, se facilitan las buenas relaciones, y como consecuencia los trabajadores estarán más motivados para trabajar, en un clima adecuado.
  2. Ajustar el marco legal económico para propiciar el cambio del afán de lucro y la competencia por cooperación y contribución al bien común. Es decir que se hagan cambios en las leyes para que se reconozca la economía del bien común y las empresas puedan aplicarlo en la práctica.
  3. El éxito económico de las empresas no es medido por la rentabilidad, sino con el balance del bien común (a nivel de empresas) y del producto del bien común (a nivel de sistema).Es decir lo más importante no son las utilidades, sino que la comunidad de trabajadores y patrones se realicen en su trabajo como personas y se respeten como tal.
  4. Las empresas con buenos balances del bien común disfrutarán de ventajas legales, impositivas y financieras. Es decir quién presente buenos números en este renglón, será objeto de incentivos de impuestos o ayudas financieras de parte del gobierno.
  5. Los excedentes del balance financiero deberán utilizarse para: inversiones con plusvalía social y ecológica, devolución de créditos, depósitos en reservas limitadas y bonificación a los empleados de forma restringida, así como créditos sin intereses a empresas cooperadoras, es decir se deben de reinvertir para hacer el ambiente de trabajo mejor.
  6. Como el beneficio financiero es ahora un medio, y deja de ser un fin, las empresas pueden esforzarse hacia su tamaño óptimo. Es decir lo importante no es obtener utilidades para crecer, sino para mejorar la situación económica de los trabajadores y de los dueños de la empresa.
  7. La cooperación y la solidaridad se debe imponer, para ayudar a empresa pequeñas a desarrollarse y a crear cadenas de valor.  Las empresas grandes deben de proteger a la empresa que recién inician y deben de impulsarlas, antes que atacarlas.
  8. Las diferencias de ingresos y patrimonios serán limitadas, buscando que la riqueza se distribuya en un número mayor de personas. Es decir los excedentes de utilidades deben de repartirse equitativamente en los trabajadores, quienes a la larga terminan siendo accionistas de la empresa.
  9. En empresas mayores a 250 empleados la participación en las decisiones de la empresa estará en manos de una asamblea de trabajadores, que busque y velen por el bien común de los trabajadores. Este modelo se asemeja a una cooperativa, donde la responsabilidad de velar por el bien de la empresa no solo está en manos de los dueños, sino de los trabajadores también.
  10. Esto es igualmente válido para los bienes democráticos, la tercera categoría de propiedad, junto a una mayoría de pequeños y medianos empresarios y grandes empresas de propiedad mixta. Por bienes democráticos entendemos instituciones económicas públicas en campos de enseñanza, salud, acción social, movilidad, energía, o comunicación: la infraestructura básica.
  11. Un bien democrático importante es el banco democrático. Éste sirve, como todas las empresas, al bien común y, como todos ellos, controlado por la ciudadanía soberana y no por el gobierno.
  12. Siguiendo la propuesta de Keynes del 1944, se establece una cooperación monetaria global a base de una unidad de calculación para el comercio internacional.

13 y 14. Las empresas y sus procesos productivos deben cuidar el medioambiente y la sostenibilidad.las empresas no solo deben de preocuparse por el clima laboral y el desarrollo de los trabajadores, sino además deben cuidar el medio ambiente.

  1. El horario de trabajo retribuido se verá reducido escalonadamente hacia la marca, deseada por mayoría de 30 a 33 horas semanales, para que el trabajador conviva con su familia.
  2. Cada décimo año el trabajador gozara de un “año sabático” que será financiado a través de un salario mínimo incondicional. Para que el trabajador busque su superación personal.
  3. La democracia representativa será completada por la democracia directa y la democracia participativa. Sobre todo en la dirección de las empresas que luego se traducirá en participación ciudadana en la comunidad
  4. Todos los puntos angulares deberán madurarse a través de discusiones intensas en un amplio proceso de bases, antes de que se conviertan en leyes elaboradas por una asamblea económica
  5. Para afianzar en los niños los valores de la economía del bien común y poderlos practicar, el sistema de educación debería estar orientado igualmente hacia el bien común. Es decir el sistema educativo debe de estar orientado a trabajar en inculcar los valores básicos de bien común, como son solidaridad, respeto a la dignidad humana, sostenibilidad ecológica, justicia social y participación democrática.
  6. Debido a que en la economía del bien común, el éxito empresarial posee un significado muy diferente al que actualmente recibe, se demandan otras competencias de gestión. Las empresas ya no buscan a los gerentes más duros y ejecutivos de la “eficiencia cuantitativa”, sino a los más responsables y socialmente competentes, los más empáticos.

La economía del bien común no es ni el mejor de los modelos económicos ni el final de la historia económica, sólo es un paso hacia una sociedad más justa con un futuro sostenible, justo y humano, ojala que en un futuro cercano todas las personas, las empresas y la comunidad estemos dispuestos a participar en la reconstrucción de la economía con sentido social y humano, como lo plantea la economía del bien común.

 

 

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