EL MUNDO DESPUÉS DE LA PANDEMIA: Un Horizonte de Esperanza

EL MUNDO DESPUÉS DE LA PANDEMIA: Un Horizonte de Esperanza

 

Marco Adame Castillo.

Vicepresidente de la Cámara de Diputados de Mexico

Vicepresidente de la ODCA

13 de junio de 2020

 

  1. No hay duda que la pandemia COVID-19 es un acontecimiento global que marcará a la presente y futuras generaciones, un punto de inflexión, un antes y un después que anticipa que el mundo no será igual y aún no sabemos si será mejor; y en el que somos actores y testigos, en tiempo real, de un cambio de epoca.
  2. El presente ha quedado marcado por el dolor, la pérdida de miles de vidas y de las certezas. Y hacia el futuro nos encontramos ante “la tierra ignota”, el regreso a la llamada “normalidad” o “desescalada”, esta lleno de preguntas y riesgos; la falta de una vacuna y una natural inseguridad sobre la duración de la pandemia; la respuesta asimétrica de los gobiernos, no siempre oportuna y eficaz, ha dejado una secuela de afectaciones generalmente graves; y las expectativas están plagadas de incertidumbre y temor.
  3. Cuatro son las dimensiones críticas de afectación de la pandemia:
  4. La crisis sanitaria ha hecho evidente la debilidad de los sistemas de salud de los países, la falta de inversión e infraestructura y de equipamiento para el personal sanitario y de hospitales; la falta de aplicaciones científicas para el desarrollo de una vacuna; la falta de información confiable y la diversidad de criterios para la aplicación de pruebas de detección y medidas preventivas que aseguren el regreso a las actividades.
  5. La crisis económica es devastadora, no vista desde 1870, de acuerdo al “Global Economic Prospects” del Banco Mundial, ha sembrado una sensación de inseguridad y desesperanza creciente para millones de familias y para muchos países, especialmente en regiones como America Latina, donde la desigualdad, el desempleo, la pobreza y la debilidad de las instituciones es patente y agrava seriamente la situació El comportamiento esperado de la economía para los siguientes años será de bajo crecimiento, lo que anticipa una larga marcha hacia la recuperación y la estabilidad social, económica y financiera.
  6. La crisis social se refleja en el desprecio a los valores más profundos, a la vida humana y el cuidado de los enfermos crónicos y de los ancianos, en America Latina de los más pobres y los indígenas; la explosión de nuevas formas de violencia intrafamiliar y callejera y la crisis de seguridad pública con una cuota de sangre y dolor que aterra por lo inhumano. La multiplicación de enfermedades mentales y emocionales por los efectos del confinamiento y el desempleo, que han generado cambios profundos en la convivencia familiar y social; hasta llegar al dolor de no poder despedir a los que se han ido.
  7. La crisis política no es menor, muchos gobiernos durante la emergencia se han hecho de facultades extraordinarias, a veces desmedidas y permanentes, hasta el punto de poner en riesgo la vida democrática en muchos países, ante la falta de contrapesos, transparencia, rendición de cuentas y de los mecanismos de decisión debilita a las instituciones democráticas y es un riesgo para los derechos humanos, sociales y polí Debemos estar atentos ante la proliferación del autoritarismo y el populismo.
  8. Ante este panorama desolador y desafiante, la misión de la iglesia, y en particular la de los laicos que actuamos en política, debe ser la de proclamar un horizonte de esperanza.
  9. Como hacerlo realidad en medio del agotamiento social y de los determinismos históricos e ideológicos, de los paradigmas tecnocráticos, del relativismo práctico, de la resistencia de quienes se aferran a conservar el sistema imperante, plagado de injusticias; o de los profetas del fatalismo que anticipan un futuro o solidario o el fin de la historia?
  10. Un horizonte de esperanza, amplio, dilatado, sólo puede nacer del amor de Dios, del cenáculo, del nuevo Pentecostés; y del compromiso consciente y verificable del cristiano con el cuidado de la casa común, sabedores de que las cosas pueden cambiar.
  11. Se debe sustentar en el reconocimiento y la aceptación de las raíces y valores cristianos de nuestros pueblos, que nos dan la identidad.
  12. Se debe expresar en la unidad del pueblo latinoamericano, la solidaridad y la búsqueda común de nuevos caminos de progreso y desarrollo.
  13. Y debe contar con una agenda de diálogo abierto, honesto, desde nuestra identidad cristiana y para el bien común, para el desarrollo integral y sustentable, con nuevas formas de entender la política, la economía, las finanzas y el progreso
  14. A través del diálogo, como el único camino, como lo propone el Papa Francisco en Laudato Si. Considerando los siguientes ejes…
  15. Diálogo internacional, sobre la nueva gobernanza y un nuevo modelo de desarrollo global a fin de asegurar el acceso universal a los bienes, especialmente a los mas pobres. Para gestionar una vacuna universal. Los mecanismos de acceso al crédito y a los fondos de desarrollo con apoyo de los organismos internacionales; promover la sana integración regional, revisar el gasto en armamento y el impacto de la deuda externa de los países.
  16. Diálogo hacia nuevas políticas nacionales y locales, sin reduccionismos ideológicos ni generalizaciones, buscando su viabilidad y continuidad en medio de los cambios de gobierno. Es indispensable replantear el modelo de desarrollo económico, la relación entre el trabajo y el capital; la concentración del ingreso y la distribución del egreso, el enfoque y sustentabilidad de los programas sociales, el apoyo a las fuentes de trabajo y a los trabajadores con créditos a pequeñas empresas, seguro de desempleo y el Ingreso Mínimo Vital.
  17. Diálogo por la transparencia en los procesos decisionales. Garantizar el derecho a la información, medidas de apertura y rendición de cuentas y desterrar la corrupción que genera el descrédito de la política.
  18. Diálogo entre la política y la economía para la plenitud humana. La política no debe someterse a los dictados de la economía y está, no debe someterse a los dictámenes eficientistas de la tecnocracia. No más progreso y desarrollo y maximización de las ganancias a cualquier precio.
  19. En suma, apostar por un nuevo estilo de vida, que no se da sin un nuevo modelo educativo para la formación de personas íntegras, capaces de opciones libres y justas, que infunda esperanza ante la desilusión y la incertidumbre; que promueva la solidaridad frente al egoísmo colectivo. Que promueva el amor civil y político y que cultive la comunión y la convivencia, el cuidado de la casa común que se nos ha confiado. Que prepare para la participación cívica y política para el bien común, a fin de influir en los tomadores de decisiones para promover los cambios que se necesitan en la nueva civilización que se está gestando, la del amor.
  20. Sin olvidar que el amor social es la clave del auténtico desarrollo humano.
  21. Hagámonos cargo, como políticos católicos. El nos dará la fuerza, es una promesa

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